Los grupos sociales: libres, metecos, periecos, esclavos. : 1.- El ciudadano libre:
Por regla general, en el mundo griego el nacimiento proporcionaba el derecho de ciudadanía. La condición de ciudadano se lograba si el padre ya lo era, aunque en ciertos casos era preciso que la madre también lo fuese (cf. Pericles). Este grupo, el más numeroso dentro de las ciudades griegas, lo formaban los denominados ciudadanosnaturales.
La concesión de la ciudadanía de una πόλις a un extranjero constituyó siempre una decisión excepcional; aunque era más frecuente que se otorgara a un grupo o comunidad antes individualmente.
Una πόλις como Esparta, en cambio, fue muy reacia a compartir su ciudadanía con un forastero.
A partir del s.IV a.C. proliferaron entre los distintos estados griegos los convenios de reciprocidad del disfrute de la ciudadanía, lo que hoy se llama de doble nacionalidad, y que en la Hélade recibía el nombre de isopoliteia. Esta medida fue relativamente frecuente para reforzar los lazos de unión entre estados que poseían intereses en común.
Con todo, el nacimiento en sí no era suficiente para acceder a la ciudadanía, pues el recién nacido debía ser reconocido públicamente por su progenitor; aunque éste podía ser expuesto en algún camino. En Esparta, sin embargo, era el Consejo de Ancianos quien examinaba la constitución física del bebé, que, si estaba sano, lo autorizaban para su crianza o, en caso contrario, era despeñado en un abismo del monte Taigeto. En Atenas, la ceremonia de las Anfidromías, que tenía lugar entre el quinto y séptimo día después del nacimiento, indicaba la entrada oficial del recién nacido en la familia, además se presentaba a la fratría (agrupación religiosa-política que incluye varias familias, pero sin llegar a la φυλή, tribu).
La educación que va a recibir a recibir un niño varía totalmente según se trate de Esparta o de Atenas. El joven espartano, apenas llegado a la edad de siete años, entra en un sistema complejo de educación colectiva organizada por el Estado y dirigida por maestros y monitores, sometido a ejercicios regulares, a pruebas penosas ya una disciplina rigurosa. El joven ateniense, en cambio, hacia la edad de seis o siente años, dejaba la exclusiva compañía de las mujeres en el gineceo para ir a la escuela, acompañado de un esclavo llamado παιδαγωγός, y era el γραμματιστής quien le enseñaba a leer, escribir y a contar, además de las artes de la música y la gimnasia. A los 18 años, el joven comparecía ante la asamblea de todos los ciudadanos que componían un δῆμος, quienes examinaban si cumplía los requisitos de edad, interrogaban al candidato sobre sus ascendientes y lo inscribían finalmente en el registro del demos. Con los registros de los distintos demos se componía el panel de la Asamblea. Los jóvenes recién inscritos en los demos se convertían en efebos e iniciaban la preparación militar reservada a los de su edad.
La mayoría de las ciudades griegas se valía, para distribuir a los ciudadanos, de una serie de φυλαί (tribus), que originariamente era la agrupación de varias familias relacionadas entre sí por lazos de índole diversa. La percepción de los impuestos a los ciudadanos se repartía de forma equitativa entre las tribus, para que éstas, a su vez, lo descargaran proporcionalmente entre los ricos, dejando exentos a quienes menos bienes tenían. Es lo que se hacía con el sistema de liturgías (gastos derivados de una prestación sustitutoria de servicios que el Estado fijaba a los particulares) y con la eisfora (impuesto extraordinario para operaciones militares). 2.- Los metecos:
El cuerpo de ciudadanos, lejos de abarcar a la mayoría de los habitantes de una ciudad o territorio, constituía una minoría privilegiada. Muchas ciudades admitían como ciudadanos a aquellos extranjeros que se establecían de forma permanente para desarrollar cualquier actividad. Estos extranjeros (ξένοι), en su mayor parte griegos procedentes de otras ciudades, aunque también hubo grupos de bárbaros (βάρβαροι), fueron tan importantes en época clásica que muchas ciudades establecieron para ellos estatutos especiales. Recibieron el nombre de μέτοικοι, metecos, “los cohabitantes”.
Esparta, sin embargo, nunca autorizó a los extranjeros a residir en su suelo. No obstante, las democracias, que favorecían el trabajo artesanal y el comercio, abrieron sus puertas a los extranjeros en excelentes condiciones, como fue el caso de Atenas.
Una vez éstos fueran presentados ante las autoridades y censados, podían ejercer de inmediato sus oficios y disfrutar de una serie de derechos. Aunque carecían de derechos políticos, por lo que no tenían acceso a las magistraturas ni a formar parte de las Asambleas ni tener un matrimonio legítimo con una mujer ateniense, sí que podían, en cambio, iniciar libremente cualquier actividad y beneficiarse de los mecanismos económicos. Por eso, la mayoría de los metecos eran personas que dominaban trabajos manuales y producían artículos en sus talleres o se dedicaban al comercio.
Los metecos participaban así mismo en numerosas liturgías, como la coregía. Y ya desde el siglo VI a.C. la integración de este sector de la población fue total. La ciudad los distinguía frecuentemente con recompensas, que iban desde simples elogios hasta el derecho a la propiedad inmueble e, incluso, a la concesión del derecho de ciudadanía (cf. Lisias). A su vez, los metecos fueron siempre generosos, ayudando al Estado con dinero y créditos, incluso con su sangre, dando muestras de una fidelidad absoluta. 3.- Los periecos:
Un grupo especial de no-ciudadanos dentro de algunas πόλεις lo constituyeron los denominados περιοίκοι (periecos). La existencia de estas poblaciones se halla documentada en algunas ciudades como Esparta. Los periecos constituían comunidades instaladas en las zonas periféricas de Laconia. No eran ciudadanos, aunque tenían autonomía administrativa y política propia. Residían en pequeñas villas y aldeas y podían dedicarse libremente a los trabajos agrícolas, artesanado y comercio, lo que les permitía adquirir riquezas. Parece que estas sociedades no pagaban ningún impuesto, pero sí que tenían la obligación de servir en el ejército espartano. 4.- Los esclavos:
La condición de esclavo era la misma en toda Grecia, excepto los ilotas espartanos. La esclavitud era una institución admitida por todos. Utilizar su fuerza corporal era el mejor servicio que de ellos podía obtenerse; de hecho, en los registros eran inventariados como simples objetos o bienes muebles.
La guerra era la fuente principal del suministro de esclavos: los prisioneros hechos durante las operaciones militares, sobre todo las poblaciones civiles de mujeres y niños. Era frecuente, sin embargo, que una parte de estos esclavos fuese rescatada por compra de sus familiares, amigos... En la mayoría de las grandes ciudades griegas, los esclavos eran indígenas capturados o bien gentes nacidas ya en condición servil.
El destino de los esclavos no era el mismo. Unos, sobre todo las mujeres, permanecían en las casa y se ocupaban de tareas estrictamente domésticas, algunos trabajaban en el campo ayudando a su dueño, otros recibían el encargo de administrar una tienda o industria. Otro sector trabajaba en la producción artesanal. Pero, el peor destino era el de los esclavos llevados a las canteras y a las minas.
El futuro del esclavo, en efecto, dependía por completo de su amo. El siervo carecía de personalidad, incluso todo el dinero que el esclavo consiguiera debía pasar a manos del dueño. En la práctica, el trato dado a los esclavos procuró suavizarse tanto para evitar prácticas de deserción como por interés general de la sociedad (levantamientos generalizados). Las costumbres atenienses introdujeron algunas medidas protectoras que defendían a los sirvientes de la violencia excesiva. Con frecuencia se les trató como a criados y con gran familiaridad. Algunos conseguían la manumisión gracias a la bondad de sus dueños o por el autorrescate, convirtiéndose en metecos.
En todas las ciudades griegas existía, además, una cifra de esclavos que eran propiedad del Estado. Sus funciones eran muy diversas: por un lado, estaban los obreros y, por otro, aquellos que desempeñaban funciones públicas como carceleros, verdugos, etc.
Especial mención requieren los ilotas, que era otro grupo de la población espartana. La labor de éstos era la de ser esclavos de las tierras de los ciudadanos espartanos de plenos derechos, que, incluso, cuando un espartano heredaba una tierra, también, heredaba los ilota adscritos a esa porción de terreno.
Los grupos sociales: libres, metecos, periecos, esclavos. :
1.- El ciudadano libre:
Por regla general, en el mundo griego el nacimiento proporcionaba el derecho de ciudadanía. La condición de ciudadano se lograba si el padre ya lo era, aunque en ciertos casos era preciso que la madre también lo fuese (cf. Pericles). Este grupo, el más numeroso dentro de las ciudades griegas, lo formaban los denominados ciudadanos naturales.
La concesión de la ciudadanía de una πόλις a un extranjero constituyó siempre una decisión excepcional; aunque era más frecuente que se otorgara a un grupo o comunidad antes individualmente.
Una πόλις como Esparta, en cambio, fue muy reacia a compartir su ciudadanía con un forastero.
A partir del s.IV a.C. proliferaron entre los distintos estados griegos los convenios de reciprocidad del disfrute de la ciudadanía, lo que hoy se llama de doble nacionalidad, y que en la Hélade recibía el nombre de isopoliteia. Esta medida fue relativamente frecuente para reforzar los lazos de unión entre estados que poseían intereses en común.
Con todo, el nacimiento en sí no era suficiente para acceder a la ciudadanía, pues el recién nacido debía ser reconocido públicamente por su progenitor; aunque éste podía ser expuesto en algún camino. En Esparta, sin embargo, era el Consejo de Ancianos quien examinaba la constitución física del bebé, que, si estaba sano, lo autorizaban para su crianza o, en caso contrario, era despeñado en un abismo del monte Taigeto. En Atenas, la ceremonia de las Anfidromías, que tenía lugar entre el quinto y séptimo día después del nacimiento, indicaba la entrada oficial del recién nacido en la familia, además se presentaba a la fratría (agrupación religiosa-política que incluye varias familias, pero sin llegar a la φυλή, tribu).
La educación que va a recibir a recibir un niño varía totalmente según se trate de Esparta o de Atenas. El joven espartano, apenas llegado a la edad de siete años, entra en un sistema complejo de educación colectiva organizada por el Estado y dirigida por maestros y monitores, sometido a ejercicios regulares, a pruebas penosas ya una disciplina rigurosa. El joven ateniense, en cambio, hacia la edad de seis o siente años, dejaba la exclusiva compañía de las mujeres en el gineceo para ir a la escuela, acompañado de un esclavo llamado παιδαγωγός, y era el γραμματιστής quien le enseñaba a leer, escribir y a contar, además de las artes de la música y la gimnasia. A los 18 años, el joven comparecía ante la asamblea de todos los ciudadanos que componían un δῆμος, quienes examinaban si cumplía los requisitos de edad, interrogaban al candidato sobre sus ascendientes y lo inscribían finalmente en el registro del demos. Con los registros de los distintos demos se componía el panel de la Asamblea. Los jóvenes recién inscritos en los demos se convertían en efebos e iniciaban la preparación militar reservada a los de su edad.
La mayoría de las ciudades griegas se valía, para distribuir a los ciudadanos, de una serie de φυλαί (tribus), que originariamente era la agrupación de varias familias relacionadas entre sí por lazos de índole diversa. La percepción de los impuestos a los ciudadanos se repartía de forma equitativa entre las tribus, para que éstas, a su vez, lo descargaran proporcionalmente entre los ricos, dejando exentos a quienes menos bienes tenían. Es lo que se hacía con el sistema de liturgías (gastos derivados de una prestación sustitutoria de servicios que el Estado fijaba a los particulares) y con la eisfora (impuesto extraordinario para operaciones militares).
2.- Los metecos:
El cuerpo de ciudadanos, lejos de abarcar a la mayoría de los habitantes de una ciudad o territorio, constituía una minoría privilegiada. Muchas ciudades admitían como ciudadanos a aquellos extranjeros que se establecían de forma permanente para desarrollar cualquier actividad. Estos extranjeros (ξένοι), en su mayor parte griegos procedentes de otras ciudades, aunque también hubo grupos de bárbaros (βάρβαροι), fueron tan importantes en época clásica que muchas ciudades establecieron para ellos estatutos especiales. Recibieron el nombre de μέτοικοι, metecos, “los cohabitantes”.
Esparta, sin embargo, nunca autorizó a los extranjeros a residir en su suelo. No obstante, las democracias, que favorecían el trabajo artesanal y el comercio, abrieron sus puertas a los extranjeros en excelentes condiciones, como fue el caso de Atenas.
Una vez éstos fueran presentados ante las autoridades y censados, podían ejercer de inmediato sus oficios y disfrutar de una serie de derechos. Aunque carecían de derechos políticos, por lo que no tenían acceso a las magistraturas ni a formar parte de las Asambleas ni tener un matrimonio legítimo con una mujer ateniense, sí que podían, en cambio, iniciar libremente cualquier actividad y beneficiarse de los mecanismos económicos. Por eso, la mayoría de los metecos eran personas que dominaban trabajos manuales y producían artículos en sus talleres o se dedicaban al comercio.
Los metecos participaban así mismo en numerosas liturgías, como la coregía. Y ya desde el siglo VI a.C. la integración de este sector de la población fue total. La ciudad los distinguía frecuentemente con recompensas, que iban desde simples elogios hasta el derecho a la propiedad inmueble e, incluso, a la concesión del derecho de ciudadanía (cf. Lisias). A su vez, los metecos fueron siempre generosos, ayudando al Estado con dinero y créditos, incluso con su sangre, dando muestras de una fidelidad absoluta.
3.- Los periecos:
Un grupo especial de no-ciudadanos dentro de algunas πόλεις lo constituyeron los denominados περιοίκοι (periecos). La existencia de estas poblaciones se halla documentada en algunas ciudades como Esparta. Los periecos constituían comunidades instaladas en las zonas periféricas de Laconia. No eran ciudadanos, aunque tenían autonomía administrativa y política propia. Residían en pequeñas villas y aldeas y podían dedicarse libremente a los trabajos agrícolas, artesanado y comercio, lo que les permitía adquirir riquezas. Parece que estas sociedades no pagaban ningún impuesto, pero sí que tenían la obligación de servir en el ejército espartano.
4.- Los esclavos:
La condición de esclavo era la misma en toda Grecia, excepto los ilotas espartanos. La esclavitud era una institución admitida por todos. Utilizar su fuerza corporal era el mejor servicio que de ellos podía obtenerse; de hecho, en los registros eran inventariados como simples objetos o bienes muebles.
La guerra era la fuente principal del suministro de esclavos: los prisioneros hechos durante las operaciones militares, sobre todo las poblaciones civiles de mujeres y niños. Era frecuente, sin embargo, que una parte de estos esclavos fuese rescatada por compra de sus familiares, amigos... En la mayoría de las grandes ciudades griegas, los esclavos eran indígenas capturados o bien gentes nacidas ya en condición servil.
El destino de los esclavos no era el mismo. Unos, sobre todo las mujeres, permanecían en las casa y se ocupaban de tareas estrictamente domésticas, algunos trabajaban en el campo ayudando a su dueño, otros recibían el encargo de administrar una tienda o industria. Otro sector trabajaba en la producción artesanal. Pero, el peor destino era el de los esclavos llevados a las canteras y a las minas.
El futuro del esclavo, en efecto, dependía por completo de su amo. El siervo carecía de personalidad, incluso todo el dinero que el esclavo consiguiera debía pasar a manos del dueño. En la práctica, el trato dado a los esclavos procuró suavizarse tanto para evitar prácticas de deserción como por interés general de la sociedad (levantamientos generalizados). Las costumbres atenienses introdujeron algunas medidas protectoras que defendían a los sirvientes de la violencia excesiva. Con frecuencia se les trató como a criados y con gran familiaridad. Algunos conseguían la manumisión gracias a la bondad de sus dueños o por el autorrescate, convirtiéndose en metecos.
En todas las ciudades griegas existía, además, una cifra de esclavos que eran propiedad del Estado. Sus funciones eran muy diversas: por un lado, estaban los obreros y, por otro, aquellos que desempeñaban funciones públicas como carceleros, verdugos, etc.
Especial mención requieren los ilotas, que era otro grupo de la población espartana. La labor de éstos era la de ser esclavos de las tierras de los ciudadanos espartanos de plenos derechos, que, incluso, cuando un espartano heredaba una tierra, también, heredaba los ilota adscritos a esa porción de terreno.